Migrar es un derecho; sin embargo, en muchos países subdesarrollados termina convirtiéndose en una obligación disfrazada de oportunidad.
Migrar es un derecho; sin embargo, en muchos países subdesarrollados termina convirtiéndose en una obligación disfrazada de oportunidad. Existe un dicho popular que afirma: "Quien no arriesga un huevo, no tiene una gallina." Para miles de personas, esa frase resume la realidad de la migración. Cuando se proviene de una familia trabajadora que apenas logra sobrevivir con salarios insuficientes, cuando las responsabilidades familiares son cada vez mayores y las oportunidades parecen limitadas, muchas veces se siente que no existe otra salida para romper el ciclo de la pobreza. Es entonces cuando se decide arriesgarlo todo y mirar hacia el norte como un horizonte de esperanza, como la posibilidad de construir un mejor futuro para uno mismo y para quienes se quedan atrás. Sin embargo, llegar a un país desarrollado implica enfrentar una realidad completamente distinta. Todo cambia: el idioma, la cultura, las costumbres, las relaciones sociales y la forma de vi...

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